Después del nombramiento de José I, Napoleón convocó a un grupo de españoles en Bayona. El resultado fue el estatuto o Constitución de Bayona, que planteaba cambios de la administración del territorio que rompían con las estructuras del Antiguo Régimen. Contemplaba la libertad de prensa y la personal, la igualdad de todos los hombres ante la ley o la inviolabilidad del domicilio.
La ocupación y las reformas napoleónicas contaron con el apoyo de una parte de la sociedad. Algunos miembros de la nobleza, la Iglesia, la burguesía y el ejército aceptaron la ocupación francesa y aplicaron las nuevas normas. Fueron los llamados afrancesados.

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